Se sentían ráfagas d viento despiadado y un olor putrefacto mezclado con la brisa marina y el manglar.

-¿Por qué huele así pregunte?

-“Mi niña, es la contaminación”, me dijo apenado.

Jairo Echeverri se puso el traje de buzo y el pesado tanque de oxígeno y se sumergió en el mar de Puerto Colombia. Antes de saltar dijo: “Van a ver la muerte de los manglares”. De lejos parecía una bella costa donde el agua salada se mezcla con la dulce. Allí, parece como si los arboles de raíces torcidas caminaran sobre el agua. Entre el lodo y el agua de los manglares, normalmente se forma una cálida guardería para los peces, los moluscos y los crustáceos. De cerca, era una piscina de color verde petróleo y café en la que daba asco entrar.

El manglar es el ecosistema más productivo del mundo. Cubre unos 152.000 kilómetros cuadrados en 122 países y sus árboles pueden captar hasta mil toneladas de dióxido de carbono por hectárea. Es tan importante como frágil. El manglar que rodea la costa caribe en Puerto Colombia, Atlántico esta muriendo. Lo muestra Jairo, que sabe hurgar en este laberinto de raíces y palpar con sus pies la basura que se encuentra donde debería estar la piangua –uno de los moluscos que habita estos ecosistemas-.

El olor era cada vez más insoportable. Nosotros, desde la costa –medianamente limpia-, grabamos a Jairo metido hasta el cuello en el lodazal de basura. Sacaba jeringas, botellas, chanclas, pañales y ropa. Había basura flotando y basura en el fondo, rodeando el manglar y asfixiándolo.

Es difícil estimar la ruta de procedencia de cada desecho, pero más o menos es así: la gente en sus casas saca la basura a la calle y en el mejor de los casos se los lleva el carro recolector hasta un relleno sanitario. Pero también está la gente que bota basura a los ríos, que luego llegan al mar. En muchos pueblos simplemente no hay recolección de basura, así que lo habitual es que llegue al mar. La corriente la lleva hasta el manglar. En el camino mueren aves, tortugas y peces, que confunden el plástico con comida.

En la comodidad de nuestras casas producimos mucha más basura que hoy es culpable de la muerte de un ecosistema vital, pero como no lo vemos e ignoramos el problema, no nos incomoda. Por eso Jairo –barranquillero, administrador de empresas y buzo- volcó su vida al mar. El limpia las playas del caribe con un grupo de amigos que lo ayudan en las jornadas y da clases sobre reciclaje en colegios y en parques. Su amor por el medio ambiente lleva a que explique con dramatismo el oscuro futuro que nos espera si continuamos viviendo a costa de acabar con la naturaleza.

Jairo sentencia que nuestro futuro dependerá de la manera en que elijamos vivir con la naturaleza, porque ella no necesita a la gente, pero nosotros si la necesitamos a ella.