Mientras científicos realizan una expedición para ayudar a restaurar y conservar los corales del Parque Nacional Natural Corales del Rosario, son testigos de las lanchas de turistas que llegan masivamente hasta el lugar con fines recreativos. Los visitantes se paran sin control alguno sobre estos animales, altamente amenazados, acelerando su muerte.

Desde el pasado 23 de mayo, científicos y biólogos marinos de la fundación Ecomares y del Parque Nacional Natural Corales del Rosario y San Bernardo se encuentran en Isla Grande, una de las islas de este Parque Nacional, monitoreando una especie de coral emblemática, pero también muy amenazada: el coral cerebro (Diploria labyrinthiformis). (Le recomendamos: Una hora para salvar los corales del caribe colombiano)

 

Su visita estaba planeada para un evento que solo sucede una vez cada año: la reproducción masiva de estos animales, que muchas personas suelen confundir con plantas o rocas. Al caer la noche, los corales de la misma especie se sincronizan para liberar sus gametos con óvulos y esperma, en un evento único de la naturaleza. Para los corales cerebro, la noche de su reproducción estaba estimada entre los días 24, 25, 26 o 27 de mayo, justo diez noches después de la luna llena de este mismo mes.

Por eso, durante la última semana, el equipo de Ecomares y Parques Nacionales se ha dedicado a monitorear las colonias de corales de esta especie, medirlas, etiquetarlas y alistar todos los elementos de laboratorio necesarios para asistir su reproducción sexual. Como contamos en este reportaje, es un trabajo largo, meticuloso y de mucha paciencia. Pero también una de las pocas oportunidades para que estos animales pasen de dirigirse hacia el colapso mundial y puedan recuperarse lenta, pero constantemente.

Sin embargo, durante sus visitas a las colonias se encontraron con una escena cada vez más frecuente: lanchas atiborradas de turistas que, sin mayores controles y con desconocimiento, se paran sobre los arrecifes de coral, lanzas sus anclas sobre ellos y dejan residuos y basuras durante su estadía. Acciones que aceleran y provocan su muerte. (Puede leer: La cobertura mundial de corales se ha reducido a la mitad en los últimos 50 años)

“Los arrecifes son animales que no se desplazan. Que no pueden huir del ancla de la lancha que les va a caer o de quienes los pisan. Tampoco se pueden desplazar a aguas más frías o con menos contaminación”, asegura Andrés Obregón, director de Diving Planet, un centro de buceo fundado hace 27 años por biólogos marinos que se encuentra en el PNN Corales del Rosario y que apoya a la fundación Ecomares. Pararse sobre los arrecifes, o quebrar algunas partes de ellos con golpes de las aletas y otros objetos, puede acabar años de desarrollo lento de estos animales, causar daños irreversibles y hasta acabar con ellos.

Lo más preocupante es que los arrecifes de coral tropicales son los ecosistemas marinos más diversos de la Tierra. No solo sirven de casa y refugio para cientos de especies, sino que además son el sustento de más de 500 millones de personas en el mundo.

Sin embargo, desde los años 80, los hemos perdido aceleradamente. En el PNN Corales del Rosario y San Bernardo, donde se encuentra el 82% de los arrecifes de coral de la plataforma continental de Colombia, se estima que la cobertura de corales vivos actualmente es menor al 30%. El turismo masivo y descontrolado ha sido una de las múltiples causas de su pérdida. También se enfrentan a otras amenazas como la sobrepesca, la contaminación y el calentamiento global.

¿Por qué es muy importante cuidar los corales?

En un documento publicado por la Sociedad Internacional de Arrecifes de Coral, científicos del mundo afirman que “los próximos diez años ofrecen la última oportunidad para cambiar la trayectoria de los arrecifes. De pasar de dirigirse hacia el colapso mundial a dirigirse hacia una recuperación lenta pero constante”. (Le puede interesar: Así se criarán larvas de coral para recuperar el PNN Corales del Rosario)

Por eso, bajo el liderazgo de Elvira Alvarado Chacón, una bióloga marina que ha dedicado su vida a estudiar restos los corales en Colombia, y que es conocida por los biólogos marinos como “la mamá de los corales”, la Fundación Ecomares y un equipo de científicos, biólogos y voluntarios de Parques Nacionales, Diving Planet y varias universidades, junto con Secore International, formularon el primer proyecto en Colombia que busca ayudar a reproducir sexualmente cinco especies de corales.

“Vamos a contribuir a la reproducción sexual de los corales, a mejorar la supervivencia de los embriones y larvas, y vamos a compartir conocimiento” explica Alvarado.

¿Cómo es la reproducción de los corales?

Al caer la noche, bajo el agua, la colonia de coral parece erizarse. Alrededor, decenas de buzos esperan pacientemente a que llegue el momento de la liberación. Cuando sucede, cientos de bolsas milimétricas que resguardan en su interior los óvulos y el esperma de la colonia empiezan a flotar suavemente hacia la superficie.

Cuando los huevos llegan arriba, el contacto con el aire externo hace que esa bolsa gamética se rompa, y que los óvulos y el esperma sean liberados. En ese momento empieza la fecundación natural. Como en todos los animales, tras la fertilización, se formarán embriones que casi tres días después se convertirán en larvas. Entonces serán arrastradas por vientos y corrientes a diferentes rincones del arrecife. Si sobreviven al viaje y encuentran un sustrato ideal, nadarán hacia abajo, se asentarán y formarán nuevas colonias.

La función de Chacón y su equipo es atrapar esos gametos antes de que lleguen a la superficie para ayudar a una reproducción más efectiva en el laboratorio. La pérdida de la cobertura de coral ha hecho que colonias de la misma especie se encuentren muy distantes las unas de las otras, lo que dificulta el proceso de fertilización entre ellas. Pero, además, darles una mano en su reproducción sexual permite enriquecer genéticamente los ecosistemas, devolverles su tridimensionalidad y rugosidad, y hacerlos más resistentes a los cambios y amenazas.

Tomado de El Espectador