El cambio climático no es un tema nuevo. Hace ya décadas que científicos, líderes mundiales y expertos vienen hablando de cómo se está transformando el planeta debido al grave aumento en las temperaturas causado por distintos factores. Pero el 2021, en especial, fue el año, hasta ahora, donde más se ha tenido la oportunidad de verlo y enfrentarlo.

Desde el inicio del año graves fenómenos climáticos se vieron desde el norte y hasta el sur global. En Norteamérica, Grecia y Turquía incendios forestales sin precedentes arrasaron con casas y bosques. Tan solo en Estados Unidos 48.725 incendios forestales destruyeron 2’630.456 hectáreas, según datos del Centro Nacional Interagencial de Bomberos. Mientras tanto en la provincia de Columbia Británica, en Canadá, una intensa ola de calor dejó al menos 569 muertos, con temperaturas que alcanzaron los 46,6 °C, rompiendo un récord preexistente de hace 84 años.

“Olas de calor tan extremas como las que estamos viendo solían suceder una vez en mil años, ahora suceden una vez cada cien. Y pronto serán una vez cada 20 años. No es un cambio gradual. Es una alteración que se ha acelerado de manera dramática con el cambio climático”, dijo a inicios de este año a EL TIEMPO, Zeke Hausfather, científico climático del Brookings Institute, quien destacó que en promedio, la temperatura del planeta ha subido 1,2 grados en los últimos 100 años.

Pero no solo el calor afectó a grandes ciudades, las lluvias extremas y sus consecuentes inundaciones llegaron a Alemania, Filipinas, Bélgica, India, Inglaterra, Estados Unidos, Australia, Sudán del Sur, China, Nepal, Japón, Turquía, Bangladesh y Timor Oriental; dejando a su paso destrucción y en la mayoría de los casos decenas de fallecidos.

Dos de los países más golpeados fueron Alemania y Bélgica, donde, en ese orden, 196 y 42 personas fallecieron en uno de los peores desastres naturales visto en años en Europa. “Debemos darnos prisa, debemos ser más rápidos en la lucha contra la crisis climática”, afirmó en aquel momento la entonces canciller alemana, Angela Merkel, visiblemente conmocionada, ante el panorama.

Otros eventos que directamente no pueden relacionarse con el cambio climático también se vieron este año en el planeta, como el terremoto de magnitud 7,2 en Haití que causó más de dos mil muertos y la erupción del volcán de la isla La Palma, en España, que lleva ya casi 3 meses expulsando magma de sus adentros.

Informes alarmantes

Mientras tanto, decenas de informes y estudios eran presentados por científicos y expertos exigiendo acciones inmediatas. En junio, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), que desde 1988 analiza para Naciones Unidas los efectos del cambio climático en el planeta, lanzó el que ha sido uno de los informes más completos y con mayor repercusión en el mundo científico, donde se analizaron más de 14.000 estudios y se dejó claro que a final de esta década se podría superar el límite clave para mantener estable al planeta.

El documento predice que el nivel del mar seguirá aumentando irremediablemente, entre 28 y 55 centímetros a finales de siglo con respecto a los niveles actuales incluso logrando emisiones netas cero. Además, destaca que estamos viviendo los tiempos más calurosos del planeta en los últimos dos mil años, y calcula que si se mantiene el actual ritmo de emisiones de gases de efecto invernadero, la temperatura global aumentará 2,7 grados a finales de siglo con respecto a la media de la era preindustrial (1850-1900).

La última vez que el IPCC sacó un informe sobre cambio climático fue en 2013, donde se definió que el límite seguro para evitar efectos catastróficos en el planeta era de 1,5°C, una cifra que fue consignada en el Acuerdo de París, uno de los tratados climáticos más importantes de la historia realizado durante la Conferencia de la Partes (COP) 21.

Sin embargo, las acciones allí planteadas en el 2015 no se han cumplido del todo, y era este año, en el marco de la COP26, celebrada en Glasgow, cuando se esperaban acciones radicales para detener el calentamiento, limitar la emisión de gases y enfrentar el cambio climático, pero solo se logró a medias.

La COP26 esperaba ser, después la COP21 en París, el espacio en el que los líderes del mundo diseñaran las acciones enfocadas en limitar el calentamiento del planeta y aumentaran la ambición con compromisos enfocados en lograr la meta de no superar los 1,5°C a final de siglo.

Sin embargo, a pesar de que hubo grandes anuncios de Estados que se comprometieron en limitar las emisiones, dejar de usar carbón, producir más autos eléctricos y detener la deforestación, un análisis de Climate Action Tracker (CAT) señala que si se llegaran a cumplir todos los nuevos compromisos ambientales adquiridos en el evento, ello conduciría a un aumento de 1,8 °C al final del siglo.

E insiste en que, más allá de los compromisos en el papel, de continuar la baja implementación de las políticas para cumplir el Acuerdo de París que se registra en sus seis años de vigencia y en la actualidad, ello conduciría a un calentamiento de 2,4 °C, o más.

“Es claro que no se consiguió la meta fundamental de esta COP de subir la ambición de todos los países en forma tal que el incremento de la temperatura promedio de la superficie de la tierra no supere 1,5 °C. Un fracaso”, aseguró en su momento Manuel Rodríguez Becerra, exministro de Medioambiente de Colombia y uno de los más reconocidos analistas climáticos del país.

El evento estuvo marcado por las protestas de ambientalistas que pedían acciones radicales y efectivas para controlar emisiones, detener la deforestación, acabar con la contaminación y disminuir la dependencia de combustibles fósiles, factores directamente relacionados con el calentamiento del planeta.

Hay esperanza

Según explica Ximena Barrera, Directora de Relaciones de Gobierno y Asuntos Internacionales de WWF Colombia, para poder garantizar un futuro sostenible para el planeta y las personas, es necesario que transformemos rápidamente los sectores que impulsan nuestro modelo económico, incluyendo la generación de energía, la infraestructura, la industria, el transporte, el uso de la tierra y la agricultura, así como la eliminación de la dependencia hacia los combustibles fósiles. Esto no solo nos permitirá limitar la temperatura media global a 1,5°C, sino también garantizar un futuro positivo para la naturaleza que detenga y haga dar marcha atrás a la pérdida de biodiversidad para 2030.

Para ella, aún es posible detener la catástrofe climática y aunque el tiempo se agota cada vez más rápido, y el planata se manifiesta con cada vez más fuerza, aún existe una ventana de esperanza y aún existe posibilidad de un futuro, que depende de las decisiones que tomen los grandes líderes del planeta.

“Estamos ad portas de la negociación del Nuevo Marco Global de Biodiversidad, que movilice actores estatales y no estatales a tomar acción con el objetivo de detener y revertir la pérdida de la naturaleza a 2030, a través de posicionar la naturaleza en la más alta prioridad de la agenda política y reconocer el vínculo fundamental entre el clima, las personas y la prosperidad económica. Es el momento de pasar de los compromisos a la acción, eso es lo que pide el planeta de manera urgente”, puntualizó.

EDWIN CAICEDO | REDACTOR MEDIOAMBIENTE

Tomado de EL TIEMPO